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Lee y conducirás, no leas y serás conducido.

viernes, 8 de junio de 2012

fahrenheit 451

Unknown - 10:39

Guy Montag es bombero y su misión no es apagar fuego sino provocarlos. Lo que hace arder son libros, y las casas de sus dueños con ellos.

En cierta ocasión conoce a una joven muchacha llamada Clarisse McClellan, quien le inspirará acerca de la libertad y la espontaneidad de pensamiento, quien le evocará la reconfortante sensación de ser diferente en una sociedad de masas en que todo se estandariza incluido las personas, donde todo pierde su atención, su esencia y su vitalidad en favor de las actividades sociales rutinarias de entretenimiento y ocio, placeres inmediatos y vacuos.

La esposa de Montag, Mildred, pertenece a la idiotizada maraña de personas que atienden a esta clase de vida y cuyas máximas aspiraciones se centran en la compra de una nueva televisión mural que pueda invadir una pared más del salón de la casa y llenarla de la realidad ficticia de los programas emitidos. Una esposa por la que Montag no sabe realmente si tiene sentimientos verdaderos y al lado de la cual se siente como un extraño frente a una extraña.

En una de sus habituales salidas nocturnas a provocar fuegos tras el chivatazo de alguien contra su vecino ocurre algo excepcional: la señora ama de la casa y amante de sus libros se niega a abandonar su lugar y finalmente arde con el conjunto. Ésta es la gota que colma el vaso del instinto de rebelión de Montag, quien decidirá hacerse pasar por enfermo y dejar de acudir al trabajo por una temporada. Otra cuestión es la del libro con el que se hizo en determinado momento en casa de aquella mujer, que se escondió bajo el uniforme y que se trajo a casa. Curiosamente resulta ser un ejemplar de la Biblia, quizá el único que quede en toda la ciudad o quizá en todo el Estado.

Beatty, su jefe de escuadra, le hará una visita a casa y le narrará toda la razón (o sinrazón) de su excepcional profesión, cual podría resumirse en ser «Guardianes de la Felicidad»,

«custodios de nuestra tranquilidad de espíritu», en un mundo en el que impera la uniformidad por encima de todas las cosas. «La tecnología, la explotación de las masas y la presión de las minorías produjo el fenómeno», fue una demanda, no una imposición de los gobiernos sino una evolución natural. La gente quiere ser feliz continuamente y para ello

qué mejor que ser todos iguales y no temernos de esta forma los unos a los otros y no dar lugar a comparaciones desfavorables. Y saturarnos de placeres y emociones que no nos den descanso para pararnos a pensar, a reflexionar.

El discurso de Beatty, que para el lector es primordial como núcleo de la novela, para Montag representa claro el evidente aviso de que las autoridades acechan ante sus peligrosos devaneos con el otro lado de la ley. Luego, cuando el capitán se fue, Montag se puso a analizar unos libros que tenía escondidos, y se vio en la necesidad de saber más, por lo que acudió a Faber, un hombre de avanzada edad, erudito en las materias literarias. Hacen un plan para terminar con la censura literaria. Guy llega a su casa y se encuentra con que Mildred había invitado a dos amigas, y Montag enfurecido por la estupidez de las mujeres se pone a leer un poema. Esa noche en su turno, suena la alarma, suben al carro y llegan a la casa de Montag. Beatty obliga a Guy a quemar su casa, y luego de hacerlo, quema al capitán y deja inconsciente a sus dos camaradas. Se pone a correr desenfrenadamente hasta que llega a la casa de Faber quien le propone escapar para los bosques siguiendo la vieja línea del tren, y le presta unas ropas. Montag escapa hacia el bosque, donde encuentra a unos genios de la cultura, que escapaban de la justicia por lo mismo que él. La policía al no poder admitir que habían perdido a Montag mata a un transeúnte, y explican a la gente que ese era Montag. Al día siguiente mientras caminaban sin destino fijo, ven entre los árboles que se había desatado la guerra y que la ciudad de Montag era reducida a escombros con todos sus habitantes

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